LOS ANTECEDENTES
Tras nuestro lamentable paso por el Mundialito de clubes miniaturístico, donde no pudimos con el equipo organizador y a la postre vencedor del evento, decidimos que había que dar un giro radical a nuestras inquietudes y organizar un encuentro entre las dos facciones más enconadas de las huestes turluronas. Como bien sabéis los que nos conocéis un poco, el territorio turlurón se organiza, además de un par de elementos satélites que, como electrones perdidos, añoran volver a encontrarse con su núcleo, en dos sedes provinciales gallegas: A Coruña y Pontevedra. Con el paso del tiempo, esto ha ido creando atavismos de difícil superación: que si me miras mal porque siempre traigo orcos a las paintsisons, que si ya te he dicho que sólo hay que hacer obras corales históricas, que si a nosotros no nos dais mimitos porque no sabemos cuál es la mezcla del azul de un granadero napoleónico, que si en el último diorama turlurón sólo nos tocó pintar las piedras, que si eres un ignorante porque no distingues un TAU de un comisario de Krieg, ni tú un fusilero de un Voltigeur, que si yo quiero de menú único churrasco, pues hoy vamos a comer a un italiano, que si pin, que si pam… en fin, así hasta el infinito. Llegados a este punto de no retorno todos teníamos claro que estas disputas sólo podrían dirimirse con ruido de sables al amanecer. El Norte se enfrentaría al Sur. Pero en esta ocasión lo haríamos en el único sitio donde un hombre demuestra su valía: En un terreno de juego y corriendo tras un balón. El primer derbi futbolístico turlurón ya estaba en marcha.

LOS PREPARATIVOS
No fue difícl fijar el campo de batalla: el enfrentamiento tendría lugar en Pontevedra. Los caballeros del norte no tuvieron problema en cederles la ventaja de jugar en casa sus rivales del sur, que, como espléndidos anfitriones, los recibieron en unas magníficas instalaciones ubicadas en un polideportivo a las afueras de la ciudad y se encargaron de toda la utillería y equipación propias del evento. Unos días antes llegaron los últimos transfers del mercado de invierno. Dos Turlurones que habitan en territorio de difícil adscripción geográfica como es el entorno de Santiago de Compostela, vivieron su particular ley Bosman: no estaba claro con qué equipo se alinearían, lo cual, por otra parte, no deja de ser un claro reflejo de sus ambiguas inclinaciones miniaturísticas. Al final Juan Carlos Ávila se alineó con los del Norte y José Manuel Gómez dejó que se impusiera su lado oscuro y corrió a unirse a las filas sureñas.
LA BATALLA
Con todo preparado, en un terreno de juego con las condiciones óptimas y con una temperatura idónea para la práctica del fútbol, dio comienzo el encuentro. Los dos equipos saltaron al campo a cara de perro. Pese al crujir de algunos huesos que resonaban en el pabellón durante el entrenamiento, debido al anquilosamiento de lustros, el equipo del norte sorprendió al del sur aguantando sus embestidas iniciales y saliendo rápidamente al contraataque. No hubo aquí unos minutos de tanteo, sino que ambos equipos se lanzaron a tumba abierta hacia el marco contrario sin atender a una estrategia previa, que por otra parte era inexistente. El centro del campo no tenía un dominador claro en esos momentos ni lo tuvo nunca durante el resto del partido, algo que da cuenta de la inmensa calidad de los jugadores…o de su total ausencia… y el fútbol de choque, auténtico, vigoroso, sin concesiones, se impuso desde el primer minuto y así siguió hasta que se agotaron las fuerzas, hasta que los dos equipos, doce gladiadores, auténticos soldados curtidos en mil batallas de este tipo, dieron su último aliento y las fuerzas los abandonaron, es decir, hasta el minuto cinco.

A partir de ahí el riego sanguíneo dejó de fluir con normalidad en algunas cabezas (en aquellas en las que fluye normalmente, se entiende) y se desató una lucha sin cuartel por la posesión del balón. Como buenos miniaturistas, cada equipo quería pintarle la cara al contrario, pero no era fácil, entre otras cosas, porque la cercanía del balón por las áreas provocaba muy a menudo que los defensas le quitasen las rebabas de las canillas a los delanteros con la punta de la bota. Otros en cambio, parecía que se habían olvidado de quitarse los pernos antes de empezar a jugar, dada su poca movilidad entre líneas. El primer gol cayó de lado de los turlurones del Sur y ahí se las prometían muy felices. No se vinieron abajo los del norte que respondieron con contundencia igualando el encuentro y remontándolo rápidamente. A partir de ahí el encuentro devino en un intercambio de golpes sin concesiones. Dos púgiles golpenado directamente al mentón de su oponente en cada jugada, algún jugador incluso terminó groggy sobre la lona, pero sin arrojar nunca la toalla. Al descanso se llegó con un 7-4 favorable a los del Norte que rompía todos los pronósticos.


Había estupor entre las filas del sur, pero no se vendrían abajo tan fácilmente. En los momentos de necesidad se forjan los héroes y había llegado la ocasión de demostrarlo. El equipo hizo piña en el vestuario, era ahora o nunca y Rubén Souto se echó el equipo a la espalda… y parece que también araldit en los borceguíes, pues el balón no se despegó de su pie durante el resto del encuentro… ante la desesperación de sus propios compañeros. Pero aun así los goles fueron cayendo uno tras otro hasta equilibrar el partido. Sólo pudieron alzar la cabeza los del norte cuando Juan Carlos Ávila, uno de esos fichajes de invierno que acaban convirtiéndose en imprescindibles para su equipo, rememoró sus mejores tardes de gloria atravesando la red rival cada vez que el balón rondaba el área. Esos jugadores que parece que no están, ni se mueven… en realidad un poquito de sobrepeso se lo impedía… y matan un partido con la misma facilidad que modelan una arruga. Los últimos minutos fueron un auténtico choque de trenes, un ida y vuelta en el que cualquiera de los dos equipos pudo haber asestado el golpe definitivo: David se desgañitaba pidiéndole el balón a Rubén; Manolo Picatoste, emergía, cual Willy recién liberado, desde la defensa para imponer su intimidatoria presencia y la de su enorme panza en el centro del campo; Josito Manito abandonó la portería para intentar darle por fin su primer puntapié al balón y no al aire, aunque fuese en los dos últimos minutos; Luis Esteban, el eterno 7 de Turluronia, el que siempre tira del carro, aunque algunas voces insidiosas lo acusen de crear mal clima en el vestuario, organizaba la defensa, la media, la delantera… y la comida de después; Paula Esteban, fichaje estrella de los del Norte miraba a su padre sin acabar de creerse que ya estuviese tan mayor; Álex y Javi trataban de confundir al contrario con constantes intercambios de banda, porque cuando se visten con el mismo uniforme es muy difícil distinguirlos; Alfonsito Prado, Praolo, animaba desde la banda, con su último aliento, tumbado y al borde de la lipotimia, pagando los excesos del jueves anterior por la noche y Jorge Fernández, no pudiendo resistir la presión, en concreto la que tenía en casa por no llegar a su hora para comer, acabó abandonando el partido en los últimos instantes.

EL DESENLACE
Y fue en esos últimos momentos, en los que el marcador reflejaba un 12-12 que parecía ser definitivo, cuando emergió un jugador pluscuamperfecto. Se retirará algún día, pero los que hoy lo disfrutamos podremos decir orgullosos en el futuro: Yo vi jugar a Decki. No será fácil describir lo que hacía, pero su recuerdo iluminará nuestra mirada como su estilizada figura refulge hoy día en un campo de fútbol. Como hizo cuando inició esa última jugada, con la facilidad que tienen los genios para sortear rivales con una mirada, un quiebro, una finta imposible, un pase certero, una jugada de tiralíneas, un jugador que es leyenda y que engrandece a todos los que le rodean. Y esa jugada que él inició, él mismo la culminó en un gol, el 13-12 definitivo para los del Norte que solventaba todas las dudas y rompía un equilibrio de fuerzas que ahora amenaza con derivar en terremoto, porque los del Sur ya han reclamado su revancha. Un partido de vuelta, cuya celebración está en el aire, pero que promete ser otro canto al fútbol. Al deporte que mira más allá del IMSERSO. A la gloria eterna de doce hombres (bueno, once y una chica) que no sólo hacen arte con las manos, sino también con un balón en los pies.
Y estos son los vídeos que demuestran que todo lo que aquí se ha dicho es cierto… o no…
Partido de fútbol Los Alegres Turlurones from Los Alegres Turlurones on Vimeo.
EL TERCER TIEMPO

































































Asociación Alabarda
Espacio Cusachs



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