Luis Candelas, 1804-1837.

Luis Candelas, 1804-1837.
Madrid, 9 de febrero de 1804 – Madrid, 6 de noviembre de 1837
Bandolero

Nacido en los turbulentos años de la Guerra de Independencia, nada en su infancia hacía pensar que el joven Luís iba a dirigir sus pasos por la senda del delito, pues había nacido en el seno de una familia acomodada del castizo barrio de Lavapiés. Esta le dio una educación y unos estudios, fruto de los cuales hizo de la lectura una de sus grandes aficiones.

Sin embargo, debía tener las hormonas algo revueltas porque en plena adolescencia se inició por la senda del mal camino, bien por inclinación propia, bien por las compañías, … siempre las dichosas compañías. A los 15 años fue detenido por merodear por la Plaza de Santa Ana a altas horas de la madrugada. Ya se sabe que a esa hora un adolescente sólo busca camorra, botellón o está planeando alguna barrabasada, así que las fuerzas del orden lo llamaron a eso, al orden.

Por lo visto al joven Luís no le iba el trabajo manual, bastante agotador, así que prefería ganarse la vida de una forma más ligera,  a costa de las mujeres. No sabemos si esto será más bien leyenda o si tendrá una pizca de verdad, pero eso se cuenta. Así que tenemos al Candelas como una suerte de Don Juan. La verdad es que requisitos no le faltaban pues a la buena prestancia del mozo había que sumarles un saber vestir, una buena educación y unos buenos modales, que cuando él quería bien sabía sacarlos a relucir.

A los 19 años de edad se muere su padre y eso parece que le conduce a replantearse la vida. Se establece como librero, pero la calma de la librería parece que no le causa demasiado sosiego interior, con lo que vuelve a las andadas. Esta vez forma una banda en la que, con unos cuantos compadres, se dedica al hurto. Y creo decir bien hurto pues el Candelas presumía de no haber tenido que dar nunca muerte a ninguna de las víctimas de sus fechorías. No sabemos si tampoco quedaban heridas en algo más que el honor de verse despojadas de sus pertenencias, aunque hemos de suponer que en alguna ocasión así sería, a pesar de lo que declara el mozo.

Así discurría su vida, con eventuales estancias en la prisión, cortas, pues o bien sobornaba a alguien para que lo dejasen salir o bien escapaba por sus propios medios. Mucho me da que más bien debía se lo primero pues no creo que las prisiones sean tan fáciles de franquear sin la aquiescencia de los guardianes. Por otra parte parece que gozaba de simpatía entre la población madrileña y es que al ser sus víctimas pertenecientes a la clase alta, no había nada que causase más regocijo entre la clase baja. Decía Candelas que la riqueza estaba mal repartida y que él se dedicaba a nivelarla. En realidad trataba de auparse él mismo al lado de los pudientes, que a los pobres nadie los ha sacado de su condición así por las buenas.

El culmen de su carrera podemos decir que fueron dos sonados golpes: uno lo perpetró contra la modista de la reina, a la que asaltó en su propio taller; en el segundo fueron el propio  embajador de la Francia y su señora los que padecieron el escarnio de ser asaltados cuando viajaban en diligencia.

Estas fueron sus últimas fechorías pues pronto fue detenido, dicen que por causa de una mujer, como no podía ser menos, que se negó a fugarse con él a Inglaterra donde pondrían a salvo sus vidas y su incipiente fortuna para comenzar una nueva vida. Ya estaban en Santander, prestos a embarcar cuando la moza le dijo que nones, que ella no se iba a la pérfida Albión. Que tenía morriña del Madrid de sus amores. El caso es que a la vuelta a la capital del reino le echaron el guante a Luís Candelas con el resultado de un garrote vil que acabó con su vida un 6 de noviembre de 1837, a los 33 años de edad, la misma que nuestro señor Jesucristo, sin que ello suponga comparación alguna más que la de señalar que fue una corta vida. Corta pero intensa.

Dionisio Álvarez Cueto.

Dionisio Álvarez Cueto es un ilustrador al que yo no tuve la fortuna de conocer en vida, ni en persona, ni  por sus obras. En persona ya va a ser del todo imposible puesto que fallecía el pasado año a consecuencia de una penosa enfermedad a una edad demasiado temprana.

Sin embargo, su obra permanece entre nosotros y desde que tuve ocasión de conocerla me parece extraordinaria. Ello fue gracias al homenaje que un grupo de miniaturistas le prepararon, también el pasado año, y que tuvo su culmen en una exposición celebrada con motivo del encuentro miniaturista de El Escorial, luego celebrado en Toledo. Es una pena que se haya ido sin posibilidad de deleitarnos con nuevas creaciones procedentes de sus pinceles.

Es por eso que me decidí a participar, modestamente, según mis limitadas habilidades modelísticas, en el homenaje que ese grupo de modelistas le prepararon. Para ello elegí una lámina de entre las muchas que estaban disponibles. Concretamente la correspondiente al bandolero Luís Candelas. Los motivos para esta elección fueron varios. Por una parte se trataba de un motivo que parecía sencillo de modelar, aunque luego surgió alguna dificultad imprevista. Por otra parte me apetecía modelar una figura montada y los arreos del borrico parecían bastante más sencillos que los de un caballo.

La figura.

Para el modelado propiamente dicho siempre procedo de la misma manera: preparo un esqueleto de alambre con las proporciones de 54 mm, le pongo una estupenda cabeza de Hornet, unas manos de Historex y unos pies desnudos de Latorre Models. A partir de ahí ya todo es trabajo propio. Suelo modelar una anatomía muy básica con Magic Sculp y luego proceder al grueso del modelado con Super Sculpey Firm. Digo que suelo proceder así, pero para esta figura cambié los planes sobre la marcha ya que prácticamente el 50% está modelada con Magic Sculp. Me resultó mucho más sencillo ir dando aplicaciones sucesivas de esta masilla y modelarlas con el pincel cuando se trataba de formas anatómicas muy claras, como sucedía con las piernas, que llevaban las ropas muy ajustadas y dejaban muy marcados los gemelos y los muslos. La parte superior del torso, con una ropa más holgada, la modelé, esta vez sí, con Firm que luego fue al horno. Los detalles como lazos, hebillas, la cinta del pelo, el pelo mismo del bandolero, la crin y el pelo del borrico,… los modelé con Duro como bien atestigua el color de la masilla. Finalmente, la albarda y las alforjas volvieron a ser modelados con unas finas láminas de Magic Sculp. En realidad parece un baile de masillas, pero nada de eso. Yo pesaba que la mejor masilla era la Firm, pero ahora ya no puedo estar tan seguro. Creo que cada masilla tiene sus propias ventajas e inconvenientes y que con el uso vamos descubriendo lo mejor que se puede hacer con cada una de ellas. La elección, a veces,  es incluso una mera cuestión de tipo psicológico.

Sólo me resta decir que el borrico es de la marca Historex, cedido amablemente por mi colega turlurón Jose Manuel Gómez. Sólo tuve que hacerle unas pocas modificaciones tales como rebanarle la crin original y rebajarle la alzada, cortarle al rabo para someterlo a la albarda y ponerle un poco de pelo extra en las quijadas. Por lo demás, un borrico de excelente factura.

Nada más. Espero que la figura haya estado a la altura del homenajeado y de las obras que el resto de compañeros modelistas presentaron para la ocasión. Hasta pronto.

16/07/2009
Pontevedra

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