OFICIAL INFANTERÍA – TROPAS CONTINENTALES 1783 – Toño Dafonte y José Manuel García Casal

La idea de pintar esta figura surgió mucho antes de que esta viera la luz comercialmente, pues tenemos la suerte de contar como compañero y amigo a su escultor, Juan Carlos Ávila, que nos había ido mostrando su proceso de modelado en algunas de las paint sison que Los Alegres Turlurones celebramos mensualmente. Fue una figura que nos encantó a todos los que la vimos por su pose y elegancia, por lo que muchos decidimos adquirirla. Además, quiso la casualidad que desde el Foro de Galería de Autor se convocara la denominada I Muestra Galeriana, una iniciativa en la que se animaba a los participantes en dicha página Web a pintar una figura, previamente escogida entre todos ellos, con el fin de exponer las distintas versiones de la misma en un futuro concurso y exposición. Se pretendía de esta manera, fomentar el acto lúdico, libre  y desinteresado de realizar un ejercicio de pintura, con el cual compartir experiencias y, en suma, pasar un rato agradable que es de lo que se trata. Finalmente, la figura escogida fue esta con lo que ya no teníamos excusa para no ponernos a pintar inmediatamente.

Como la fundición de Art-Girona a veces nos ha dado algún que otro disgusto, aproveché la visita que algunos Turlurones, entre los cuales estaba Toño Dafonte,  hicieron al concurso de Torrent 2007 para encargarle la compra de la figura, previa selección en vivo y en directo. Lo que no sabía el bueno de Toño es que el destino de la misma iban a ser sus manos antes que las mías, puesto que la había elegido para un futuro proyecto conjunto.

Como ya comienza a ser notorio, este grupo no organizado ni reconocido y apenas establecido llamado Los Alegres Turlurones, nos caracterizamos por realizar diversos proyectos conjuntos que de cuando en cuando cristalizan en dioramas u obras corales para asombro y pasmo del mundo mundial. Particularmente es un método de trabajo que me motiva de forma especial, en tanto que me “obliga” a dar lo mejor de mí mismo para estar a la altura de las circunstancias, ya que el nivel  entre los miembros del grupo es más bien alto, por decirlo de alguna manera. Además, colaborar con otros implica que tengas que acabar el trabajo de pintura, algo no tan fácil y frecuente como pudiera parecer en un principio. Así que decidí proponerle a Toño que realizara las pertinentes transformaciones para personalizar nuestra figura, comenzando, por supuesto, por su especialidad más reconocida y fructífera, esto es, añadirle unas buenas patillas que le confiriesen carácter a la cara.

La búsqueda de información y documentación la dejé en sus manos, ya que es un gran entusiasta de la época. He de confesar que a mí todo lo que vaya más allá del Siglo V me suena un poco a chino y aun hoy tendría ciertas dificultades para explicar realmente lo que hemos representado, y es que a mí, si me quitas de los romanos, todas las figuras me parecen iguales.

Por el carácter de la iniciativa de la Muestra Galeriana, tuvimos claro que tanto en la transformación como en la pintura intentaríamos alejarnos lo más posible de la pintura de la caja, así que, buscando entre las distintas unidades y uniformes del ejército americano dimos con una que nos satisfizo y que cumplía dichas condiciones. Mi intención no es ofrecer aquí una guía de pintura porque nunca apunto las mezclas y a estas alturas no las recuerdo con exactitud. Creo que más interesante que todo ello es dar a conocer los pequeños pasos que la pintura de cada figura te hacen dar en tu evolución cómo pintor y cómo poco a poco los retos que hasta hace no mucho te parecían insalvables se van superando con voluntad, práctica y por supuesto con los consejos y la ayuda de los demás compañeros de afición más experimentados. En concreto esta fue la 4ª o 5ª figura en la que empleé mayoritariamente pintura acrílica, abandonando paulatinamente el empleo de óleos que venía utilizando habitualmente.

Lo que sigue a continuación son las experiencias o aprendizajes más relevantes que me ha proporcionado el enfrentarme a este “reto”. Como veréis, la colaboración de los demás miembros del grupo no ha sido pequeña, porque ha sido en buena medida gracias a sus consejos, sugerencias y aportaciones cómo este pequeño proyecto ha llegado a un término más que satisfactorio. Espero que os sirvan y que le podáis encontrar alguna utilidad. Ahí van.

-La Transformación (Unos Pequeños Retoques Distintivos)

Tras esta fenomenal presentación, realizada por Decki, de lo que fue nuestro primer proyecto D&D (Dafonte&Decki), pero que a estas alturas puedo afirmar, no será el ultimo, intentare poner a su altura narrativa y contaros mi aportación a esta obra…

Las transformaciones, no muy complicadas, fueron realizadas después de que buscáramos información sobre el tema en la red, varios libros y en las descripciones de uniformes que figuran en la Orden General dictada por Gral. George Washington en 1779 sobre uniformidad de las Tropas Continentales. Cada vez que alguno encontraba información de la época, nos la enviamos por E-mail, para luego poder comentarla por teléfono o mas tarde en nuestras frecuentes y animadas reuniones Turluronas, en las cuales también contábamos con la inestimable colaboración y ayuda del resto del grupo, siendo así más fácil resolver dudas, tanto uniformológicas como del proceso de transformación.

El proceso comenzó, antes de nada, con una buena sesión de limpieza consistente en la eliminación de todas las imperfecciones, rebabas, líneas de molde (incluso en la cara), que debido a la cantidad y la complicación de algunas, este proceso se tendrían que considerar como transformación, ya que incluso hubo que llegar al punto de retocar un ojo, ya que parecía que nuestra figura había participado en un combate de boxeo.Una vez “limpita” la figura, y eliminadas las partes originales que se van a rehacer, pasamos a dar algunas aplicaciones de masilla, con la que se ensanchan un poco las vueltas del pecho y se cambian los puños de las mangas de la guerrera. Se le añaden ojales y botones.

Esto último se hace, también, en el cuello de la guerrera. Para estos ojales se emplea una torta de masilla muy fina, la cual iremos cortando a la medida deseada. Después toca ir pegándolos de uno en uno. Los botones son de lámina de estaño.

Se cambia la mano derecha, que sujeta el sombrero, por otra con el puño cerrado de la marca Historex, ya que la nueva versión de la figura ira tocada con su prenda de cabeza.
Se modela una faja en la cintura, por encima del chaleco. Previamente habremos realizado una pequeña hendidura en el chaleco, justo donde colocaremos la faja, para que esta no sobresalga y se vea como un añadido, por supuesto, tendremos que trabajar algo el modelado del chaleco donde lo hemos rebajado, para que el conjunto quede lo mas integrado posible.
Se quita la cinta que cruza el pecho por encima del chaleco, por lo que tendremos que de nuevo modelar parte del chaleco, pero esta vez a la altura del pecho. En esta misma zona realizamos con masilla, por encima de la guerrera y chaleco, una correa para el tahalí porta sable, al cual se le añade una hebilla a la altura del pecho y al final de esta, en el costado izquierdo, la espada  de oficial.
El ultimo paso lo realizamos en la cabeza de la figura. Utilizando como base la original de la caja remodelamos pelo, patillas y coleta, después de haberla tocado con la prenda de cabeza, copia en resina de la original, añadiendo como paso final un pequeño plumero, justo encima de la escarapela.
Para las trasformaciones se ha utilizado masilla Milliput mezclada con una pequeña cantidad de Duro y lamina de estaño. La hebilla de la correa es de Historex. Y la espada procede de restos de otras figuras.
Ya para terminar la parte del relato que me corresponde, deciros que todos estos pasos son más laboriosos que complicados; con un poco de paciencia y tiempo, habremos conseguido darle un toque personal a nuestras figuras. Ya solo nos queda dar una capa de imprimaci
Con esta parte ya resuelta, seguimos el proceso la pintura, utilizando como guía la información que habíamos conseguido y los sabios consejos de los miembros de nuestra comunidad Turlurona, pero a partir de aquí retomara la palabra Decki, con su fluido verbo…

-La Cara (¡Qué Importante Es Ser Detallista!)

Y no solo con las novias o esposas, sino también con nuestras otras “novias”, las figuras, a quienes a veces dedicamos más tiempo del debido (pero menos del que quisiéramos) ante el enojo de las legítimas. Viene esto a cuento por un consejo que me dio en su día, de manera velada y como quien no quiere la cosa, como en él es habitual, por otra parte, Luis Esteban. En concreto me vino a decir que tan importante como el trabajo de luces y sombras en una cara, era el cuidado de los últimos detalles, algo en lo que a menudo la gente no suele detenerse demasiado, y que al final, es lo que acaba diferenciando una buena cara de una excelente. Se refería a esas luces puntuales extremas en la parte superior del pómulo, bajo una línea oscura de sombra que enmarque la zona de las ojeras; las sombras profundas en el ángulo de la nariz con los ojos; las sombras extremas en los agujeros de la nariz! (en su momento creí que estaba de broma y que no se había inventado el pincel con la numeración adecuada para pintar eso); los toques de color en los pómulos y la punta de la nariz, los tonos medios, la sombra de la barba cuando es menester, etc. En realidad pude comprobar que cuando prestas atención a esos detalles finales, la cara que hasta ese momento carecía de vida, poco a poco se va “iluminando” y aparece de pronto ante ti espléndida y llena de matices.

El Azul (Menos Es Más)

El azul es un color complicado por su conocida tendencia a satinar y más en mi caso que suelo emplear la pintura muy diluida, por lo que se hace fundamental el uso y control del Flat base. Pero el mayor problema que plantea para mí es el de su iluminación, puesto que puedo llegar a convertir la casaca de un granadero napoleónico en una prenda con un innegable “look” blue-jean. La clave está en conseguir un azul muy oscuro, añadiéndole toques de negro, enriqueciéndolo con unas puntitas de bermellón para que no agrise y dar únicamente un par o tres subidas de luz con algún tono pastel (verde azul pálido, verde gris medio o incluso carne mate). El sombreado, directamente añadiendo negro. Y Flat base, mucho Flat base.

El Rojo (La Maldición De Los Lucífobos)

Pues al igual que estos, reniega un poco vampíricamente de la luz, ya que el rojo, al iluminarse, puede convertirse por arte de birlibirloque en naranja o rosa. La mejor manera para evitarlo es potenciar más, con azules o verdes y finalmente con negro, las sombras que las luces. Las vueltas de la levita de la figura van pintadas en rojo, apenas iluminadas en los hombros con carne dorada sobre la base, pero sí intensamente sombreadas en su parte inferior, hasta el punto de que en un primer momento casi asusta un poco aplicar un color casi negro a la base roja en las sombras más profundas por miedo a desvirtuarla. Pero el contraste funciona. ¿El secreto? Pintura muy diluida. Y Flat base, mucho Flat base.

El Blanco (Casi Como La Mujer Del César, No Ha De Serlo, Sino Sólo Parecerlo)

El blanco es mi caballo de batalla y el color que peor se me da, porque para pintar paños blancos tengo siempre en mente la absurda idea (¡fíjate tú!) de que hay que utilizar un color llamado blanco. Pues nada más lejos de la realidad: hay que conseguir “la apariencia de blanco” para lo cual se puede partir de un gris (marrón cubierta, por ejemplo) matizado con verdes, ocres y por supuesto, ya que vamos a representar el blanco, hay que utilizar…¡¡¡¡el negro!!!! Así que para pintar el blanco, olvídense del blanco (¡Jopitas qué complicado es el miniaturismo!) La verdad es que la idea para el blanco del chaleco me la dio el propio Juan Carlos Ávila en una “pin sison” a la cual había llevado yo la figura en pleno proceso de pintura. Me dijo que para conseguir un tono cálido le añadiese a la base ¡¡¡¡Rosa!!! que armonizaría muy bien con el rojo contiguo de las vueltas de la levita. Después de unos breves instantes de flaqueza en los cuales creí estar un poco turulato ante lo que acababa de escuchar (“Pero rosa, rosa” insistió, “no rosa antiguo” -¿Qué rosa?  ¿El rosa chicle? Preguntó un poco escéptico también Luis Esteban sin levantar la vista del napoleónico que estaba pintando al oír el consejo. “Pero tío, ¿quién tiene ese color? ¿Qué es, de fantasía o lo usas para pintar Gaylanders?” Ante lo cual el propio Juan sacó el bote de rosa-rosa de su caja y me lo pasó) me decidí a seguir sus indicaciones con la creciente sensación de que me estaban tomando el pelo. Parece ser que no era así y que la cosa iba en serio puesto que el resultado les agradó a los demás turlurones que se iban acercando para ver cómo acababa la cosa “¡Pues está chulo” decían o “¡Qué color más interesante!” y otro: “¿Y dices que lleva rosa?” Supe que la cosa había cuajado cuando al final del proceso Luis cogió la figura y tras observarla un instante dijo, “El blanco…Hummmm…¡Muy gestual!” Nunca sé lo que quiere decir con eso, pero con el tiempo lo que sí he aprendido es que no va a decir más. Este juicio fue confirmado por nuestro otro gran Totem, Manuel Picatoste, a pesar de no haberse traído las gafas, lo cual, y dada su edad, hace que su discernimiento visual quede notablemente mermado. Pero yo sé que mi amigo Pica juzga más con el corazón que con los ojos y eso me llena siempre de satisfacción.

La Escenografía

Del mismo modo que queríamos alejarnos del esquema de colores que aparece en la fotografía de la caja, teníamos claro también que la escenografía iba a ser distinta, evitando el uso de gaviones por el que había optado Juan Carlos, ya que la inercia casi siempre nos lleva a imitar lo que vemos en las fotos de las cajas.

Decidimos situar a nuestro oficial en uno de los fuertes fronterizos temporales que se construyeron durante las guerras contra los indios. Como yo no acababa de tener clara la idea, un día decidimos juntarnos Toño y yo para elaborar lo que él tenía en mente. Para los maderos empleamos trocitos de rama de auténtico carballo gallego debidamente recortados y afilados. Tras insertarle unos pernos los situamos sobre una base de masilla feroca texturizada con estropajo scotch-brite a la cual añadimos y pegamos tierra de maceta cuando estuvo seca. En su parte superior los troncos van enlazados con cuerda de modelismo naval untada con cola blanca de madera para que no se le note la pelusa, y posteriormente se pintó. Sobre esta base añadimos más masilla de feroca mezclada con virutas de la madera de afilar los troncos, trocitos de palillos, más tierra, arenilla etc., para conformar la base del entablado elevado sobre el cual está el oficial. El entablado en sí son tiras del plasticard texturizadas con una lija muy gruesa en un primer momento y después con una cuchilla para simular las vetas. Incluimos en la escena algunos accesorios de Historex (barril y pico) y un mosquete de la caja de sobras de Toño. Los maderos y el suelo se pintaron con esmaltes de Humbrol y a éste último se le dio un acabado con óleos con bastante aceite para que brillase y representar un terreno húmedo. En la parte baja de los troncos se utilizaron óleos de tonos verdes para simular humedad y verdín y, por último, cuando la pintura estuvo seca,  se añadieron un par de charcos al suelo  con barniz cerámico aplicado con un pincel viejo. La suciedad y el barro de las botas del oficial se realizaron con marmolina diluida en agua y cola blanca, teñida con los colores terrosos. Esta suciedad también se aplicó por todo el entablado para simular el rastro dejado por las botas de los soldados.

 

 

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I Proyecto D & D

Enero 2009

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