Cuenta lo que fuimos, Rocroi, 1643

Introducción histórica

El TERCIO fue la unidad militar por excelencia de los Ejércitos españoles durante la época en la que gobernó la Casa de los Austria, soberana y señora en el Imperio Español.

Su existencia se extendió de 1534 a 1704. Creados con el objetivo de contar con cuerpos móviles y poderosos, formaron la élite de las unidades militares disponibles durante esa época, siendo muy famosos por su resistencia y fiereza en los campos de batalla donde fueron partícipes.

La creación de los Tercios se remonta oficialmente al reinado de Carlos I de España, tras reformar el ejército en 1534, siéndoles asignada como primera misión la guarnición de los territorios españoles en la península itálica y operaciones expedicionarias en el Mediterráneo. Durante sus primeros años combatieron fundamentalmente a turcos y piratas berberiscos, quienes eran una gran amenaza para la navegación en esta zona y que incluso habían llegado a realizar incursiones en las costas, tanto del Imperio como en la propia España.

Más tarde su batallar se extendería por parte de Europa, fundamentalmente la zona de los Países Bajos. Su misión era la de seguir protegiendo los territorios del Imperio y sus aliados frente al creciente movimiento protestante de holandeses y algunos estados alemanes, apoyados por Inglaterra y Francia, viejos enemigos de España, cuya máxima ambición era mermar el poder del Imperio Español así como arrebatarle territorios y riquezas que estaban en sus dominios.

En su nacimiento estuvieron integrados sólo por españoles originarios de la Península Ibérica, se organizaban en compañías, variando su estructura original y el número de estas últimas a lo largo de su historia. El mando supremo de cada uno de ellos recaía sobre el Mestre de Campo, designado por el Rey. A finales del siglo XVI aparecieron los primeros Tercios formados por extranjeros, integrados por italianos, ya comenzado el XVII se crearon los valones.

En un principio el Tercio agrupaba 10 compañías o capitanías (nombre dado por estar al mando de un capitán), de las cuales la mayoría eran de piqueros y solo 2 de arcabuceros.

Más tarde, en la época de Flandes, el número de compañías se extendió a 12, alguno incluso llegó a contar con 14, manteniéndose la misma proporción entre compañías de piqueros y arcabuceros. Estas, a su vez, se agrupaban en número de a 4 formando Coronelías (al mando de un Coronel).Ya en la recta final de su existencia, y debido a la progresiva modernización de ejércitos y armas de fuego, el número de arcabuceros casi llegó a igualar al de piqueros.

Dentro de las compañías de arcabuceros existía un pequeño número de mosqueteros, los cuales portaban un arma de fuego más larga y pesada, con más alcance, y que se disparaba apoyándola en una horquilla.

Su presentación en el campo de batalla solía ser siempre con los piqueros al centro de la formación, escoltados por arcabuceros. En ocasiones, algunos de éstos quedaban libres con la misión hostigar al enemigo de un modo parecido, al que siglos más tarde, lo harían  los voltigeurs o los tiradores de infantería ligera. Estos arcabuceros libres se denominaban mangas.

En cuanto a la uniformidad, no existía nada reglamentado; vestían los ropajes al uso de la época, costeados por cada individuo. Los españoles, para distinguirse del enemigo, solían mostrar algo rojo sobre sus ropas, bien fuesen lazos, fajas o plumas de sombrero.

Sobre el armamento, en un principio recibían las armas que les daba el Rey, que le serían descontadas en futuras pagas, pudiendo adquirir y utilizar otras por su cuenta. Hay que destacar que los españoles contaban con acreditada fama en el manejo de la espada.

Combatieron con innegable fortuna en multitud de campañas y asedios, entre las que podemos destacar Mühlberg, San Quintín, Lepanto (donde lo hicieron como infantería embarcada), Maastricht, Breda, Nördlingen o Rocroi, batalla donde se dice que comenzó el ocaso de los Tercios, aunque su total desaparición llegó 60 años después.

Y sobre esta última, al grito de ¡Santiago! ¡Cierra España!”, basamos nuestro modesto homenaje a aquellos bravos soldados.

Pero como los Turlurones llevamos a gala que nuestra mayor virtud es la desorganización (de hecho somos un grupo no-organizado) no hubo manera de ponerse de acuerdo acerca quién escribiría el artículo para la web, así que después de muchas discusiones decidimos que fuese uno de los principales protagonistas en la realización de esta obra el que nos narrase sus experiencias en primera persona.

Lo que sigue es su relato…                                                                                              siguiente

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Cuenta lo que fuimos, Rocroi, 1643 (II)

Odio los colchones de espuma. Los odio desde que los conozco y  mi aversión hacia ellos aumenta con la obligación de tener que usarlos diariamente. Acabo con todo el cuerpo anquilosado y por las mañanas no siento los brazos ni las piernas, despertándome con la absurda sensación de que los tengo separados del cuerpo. Y …

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Cuenta lo que fuimos, Rocroi, 1643 (III)

Desde esa primera vez han pasado ya unas cuantas paint sisons. Algunos completan su trabajo en casa y acuden a ellas con los deberes hechos, con lo que he visto a algunos de mis compañeros ya casi dispuestos para entrar en acción; otros trabajan duramente el día que se reúnen, algunos, sin embargo,  se dedican …

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Cuenta lo que fuimos, Rocroi, 1643 (IV)

Es inútil, estos tipos nunca cambiarán. ¿Cómo pueden llevar algo a buen puerto con esta desorganización? A lo mejor ese es el secreto. Entre ellos no hay reglas, ni normas, ni jerarquías, solo un deseo de pasárselo bien y disfrutar con lo que hacen y a fe que lo consiguen. Pero yo ya no los …

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