“Por fin, la mayor parte de las fuerzas enemigas se encerró en algunas casas, después de que se les desalojó de muchas otras. Pero lo más difícil quedaba por hacer: Una de las no ocupadas por los nuestros se había convertido en una fortaleza y allí se defendía el mayor número de republicanos….No había esperanzas de apoderarse de ellos sin artillería y si tardábamos mucho en hacernos dueños completos de la situación, era seguro que alguna columna enemiga vendría en socorro de aquella fuerza.
El comandante de los zuavos, don Ignacio Wills, frente a dicha casa, desde la que les mandaban una lluvia de acero, consultaba con sus oficiales. ¿Debíase intentar el salto que arriesgaba entregarles casi indefensos al enemigo? Es natural que hubiera un momento de titubeo. En esto subió Wills sobre el muro, bajo la terrible descarga, y cogiendo la bandera gritó:
-¡Zuavos! ¡Si apreciáis vuestro honor, id a coger vuestra bandera!
Y la arrojó en medio del enemigo, saltando tras de ella y seguido, en primer lugar por el capitán Giner y simultáneamente, como una avalancha, se precipitaron también los demás zuavos, yendo con éstos también don Francisco de Borbón. El enemigo, estupefacto ante aquel inesperado salto, creyendo, probablemente, que habíamos recibido poderosos refuerzos…….Los zuavos penetraron a la bayoneta en el edificio e hicieron prisioneros a todos los que se hallaban en él.”
Este texto está recogido de las memorias de Doña María de las Nieves de Braganza, mujer del infante D. Alfonso –hermano de D. Carlos, el pretendiente a la corona española-, y que acompañó a éste durante toda la 3ª Guerra Carlista en España. La acción que narra, corresponde a los momentos finales del combate librado en Alpens (Barcelona) el 8 de julio de 1873 entre las fuerzas carlistas del general Savalls y las gubernamentales del brigadier Cabrinetty, y en donde la de Braganza destaca el heroísmo de los zuavos carlistas, una fuerza compuesta por antiguos zuavos pontificios, llamados a la causa carlista por el propio D. Alfonso –veterano pontificio-.
Este valiente momento en la historia de esta fugaz unidad, es el que mis compañeros turlurones y yo mismo, hemos querido representar en miniatura, y así de paso reivindicar un periodo apasionante de nuestra historia, rico en batallas, combates, unidades y uniformes, y lamentablemente poco conocido y menos tratado modelísticamente.
El sistema para confeccionar los dioramas corales turlurones, es siempre el mismo: aquella persona que elige el tema, y va a quedar en posesión de las miniaturas, es la encargada de conseguir las figuras y de repartir el trabajo entre los demás. En este caso fui yo quien a partir de una serie de figuras de zuavos en la Guerra de Secesión Americana, comercializados en su día por la firma americana Time Machine, repartí las tareas de transformación y pintura de las piezas.
En un principio, prácticamente todas las figuras necesitaron el desbastado de la bolsa de costado y consiguiente remodelado del pantalón; el cambio del tocado de cabeza por la típica boina carlista; el modelado de la mochila morral a la espalda, y el de los vivos de la chaqueta. A algunas figuras hubo que modelarle de nuevo los brazos, ya que para obtener la postura deseada los que traía el kit no servían. A otras se les cambió la cabeza, remodeló polainas y añadió cartucheras, correas pectorales, fundas de bayoneta e incluso botas de vino.
El trabajo de cada uno de los participantes quedó repartido de la siguiente manera: Víctor Acebal pintó el zuavo de cola, herido en el hombro, al que yo mismo le había modificado un par de cosas. Entre Chema G. Casal y yo transformamos y decoramos al compañero de este, quien apoya su mano en el compañero herido. Juan C. Ávila remodeló y pintó al siguiente zuavo, quien en posición de carga vemos en primera plano. Chema G. Casal pintó el que figura en segundo plano -muy a pesar suyo, un poco de espaldas a la escena-, siendo Antonio Dafonte quien le practicó las transformaciones pertinentes. La pintura del zuavo caído corrió a cargo del buen hacer de Manuel Picatoste, mientras que Jesús G. Fontes se hacía cargo del remodelado y la pintura del zuavo del fondo (el que lleva la boina a modo de ensaimada). La transformación del herido con las manos en la cara la realizó Jorge Fernández, siendo Santiago Doel quien le dio color. El oficial abanderado corrió a mi cargo, igual que el terreno de base, al que Alfonso Prado procedió a pintar con aerógrafo y Alex Quinteiro a decorarlo con algo de “atrezzo”. Por último reseñar que la carreta y demás impedimenta que actúa a modo de parapeto fue montada y pintada por Chema García. La guinda la puso Rubén Souto, responsable del perrito ladrador, seria amenaza para la carga zuava.
El remate final fue hecho en una de nuestras sesiones, fijando pieza a pieza en el terreno, para una vez secas, unificar la escena a base empolvado y ensuciado de las figuras con técnicas aerográficas. Hasta ese momento no nos dimos cuenta de que curiosamente apenas había diferencia visual entre una y otra miniatura, estando cada una pintada por un autor distinto, lo que refuerza la teoría de que, a simple vista, en un diorama el grupo de figuras, se come a la pieza individual. Aunque también es cierto que años de pintura en grupo, va dejando un libro de estilo parecido.
Para ver fotografías de la confección y el paso a paso de este diorama, podéis picar en este enlace
Me gustaría terminar agradeciendo a todos mis compañeros su desinteresado trabajo, a sabiendas que alguno se quedó, muy a pesar suyo, sin poder colaborar por falta de material escénico que situar en el diorama.
A todos, muchas gracias.






















Asociación Alabarda
Espacio Cusachs



6 comentarios
dani serrano escribió:
14 enero, 2011, a las 15:59 (UTC 1 )
Qué preciosidad y qué pena me dió no poder contribuir
Nacho SIlvestre escribió:
1 noviembre, 2011, a las 23:03 (UTC 1 )
Impresionante trabajo chicos, enhorabuena. Ya era hora que se hiciera un trabajo en todos los aspectos de los Zuavos Carlistas. Y hay detalles muy buenos que hasta ahora no habían visto la luz, como la otra cara de la bandera de los Zuavos Carlistas. Con vuestro permiso publicaré esto en el blog de Zuavos del Mundo, haciendo referencia por supuesto a vosotros.
De nuevo enhorabuena.
luis Esteban escribió:
1 noviembre, 2011, a las 23:16 (UTC 1 )
Muchas gracias Nacho. Entiendo por tus palabras que eres el responsable del blog Zuavos del Mundo; si es así, solo decirte que es un espacio impresionante e interesantísimo, lo visito a menudo, y es, sin duda, el mayor referente en cuanto al estudio de estas curiosas tropas a lo largo de la historia. Mi más sincera enhorabuena. Será un honor que nos referencies en él.
Un saludo. Luis Esteban
Nacho Silvestre escribió:
6 marzo, 2012, a las 21:35 (UTC 1 )
Ya hace tiempo que escribí el mensaje, y he visto que la contestación fue inmediata, disculpar por el retraso. En el blog de Zuavos del Mundo, intento tener una serie de artículos en reserva, ya que intento variar en la temática y el publicar todos los martes desde hace 5 años sobre los Zuavos a veces se complica, no es una obligación es un placer. Pero ya lo he publicado, y agradecerte tus palabras, y ahora daremos a conocer vuestro trabajo por todo el mundo, ya que tengo contacto periódico con gente de Italia, Australia, USA, etc…. Enhorabuena de nuevo.
Nacho Silvestre
Patrick Nouaille-Degorce escribió:
17 marzo, 2012, a las 11:43 (UTC 1 )
Le premier tableau ne représente pas la bataille d’Alpens, mais la bataille de Loigny : Commandés par le colonel de Charette, les zouaves pontificaux français chargent les Prussiens. Oeuvre de Castellani, musée de l’Armée, Paris.
El primer cuadro no representa la batalla d’ Alpens, pero la batalla de Loigny: Controlados por el coronel de Carro, los zouaves pontificales franceses encargan los Prusianos. Obra de Castellani, museo de l’ Ejército, París.
Luis Esteban escribió:
17 marzo, 2012, a las 17:07 (UTC 1 )
Oui Patrick, cette illustration est de savoir que les zouaves carlistes proviennent des zouaves pontificaux. Merci pour ces données.
Luis